Si quieres tener una boda en un marco incomparable a orillas del mediterráneo entre calas, cásate en el Hotel Montiboli de Villajoyosa”. Así, con esta contundente afirmación Matthias, maitre en bodas de origen francés del afamado hotel y novio del enlace cuyo trabajo fotográfico de boda os presento mostraba su ilusión días previos al casamiento. Todo estaba perfectamente cuidado y medido bajo su supervisión. Casarse con Elena, junto con el nacimiento de su hijo, fue uno de los eventos más entrañables en la vida de ambos y esperado para la familia y los amigos más cercanos.
Como fotógrafo de bodas en Alicante, que conoce decenas de lugares donde celebrar una boda, este entorno idílico a pie de playa me encanta. La fantasía se hace realidad y yo tengo la suerte de estar ahí para poder fotografiarla. Esta vez, y en realidad como siempre, dedicado en cuerpo y alma, para que el reportaje fotográfico de boda sea de película y sus protagonistas puedan rememorar con emoción los momentos de la boda una y otra vez.
Mientras Matthias ultimaba detalles de la boda con sus compañeros de trabajo, Elena se dejaba acicalar y fotografiar. Su sonrisa iluminaba de pleno cada una de las tomas y entre nervios e incertidumbre placentera me relataba como quince años atrás en las Hogueras de San Juan conoció a Matthias, y como fue ese inesperado momento en el célebre Restaurante Ca Marta donde él le pidió matrimonio regalándole el chiguagua que tanto anhelaba y de cuyo cuello colgaba el anillo de compromiso.
Los preparativos de boda llegaban a su fin y ese acontecimiento único e irrepetible que es celebrar la unión había llegado. Elena me contaba como desde el principio supo que él seria alguien muy importante en su vida. El uno y el otro son “torbellinos de alegría”, tan parecidos que fue como si el destino jugase para reunirlos y crear familia. El pequeño Diego Armando correteaba observando con curiosidad la algarabía de los momentos previos al enlace mientras amigos y familiares participaban con júbilo en las tareas de atildamiento de la pareja.
Todo estaba listo. La temperatura exterior era muy agradable y el cóctel de boda, interrumpido brevemente por una lluvia repentina, sencillamente delicioso. La ceremonia de boda fue discreta, apacible y alejada de suntuosidad, aunque el emplazamiento era elegante y cada pormenor estaba delicadamente cuidado.































































